Llamamos a organizar a las escuelas para defender la educación y las condiciones para enseñar y aprender.
La reforma educativa de la que se jacta el gobierno está lejos de ser un avance o un progreso para el sistema educativo. Es más bien al contrario: lo que llaman reforma constituye un ataque a la educación y a las condiciones para enseñar en las escuelas. Para estudiantes, menos formación, más reducida, acotada y coyuntural. Para docentes, sobrecarga laboral con menos recursos. Para las escuelas, vaciamiento y ajuste.
Los lineamientos de la reforma reflejan una orientación que busca trasladar a la escuela una crisis económica y social colectiva. En lugar de postular a la escuela para superarla, preparando una formación crítica e integral, pretenden reducirla y adaptarla a demandas específicas y circunstanciales, ajenas a la educación, todo en el marco de un achicamiento generalizado.
Pero además también los anuncios del Ministerio de Educación sobre la reforma muestran un cinismo sin límite e inconsistencias profundas y marcadas con la realidad que se vive en las escuelas.
El ministerio anuncia como prioridad la educación inicial y la alfabetización, pero al mismo tiempo está anunciando cierres de grados y salas, bajas de categorías de escuelas y menos cargos y docentes.
Anuncia énfasis en educación tecnológica, pero está achicando la escuela técnica y cerrando el último año. Promueve lo que llama Formación Profesional y Capacitación Laboral, reduciendo la educación a un carácter meramente instrumental, para formar mano de obra barata recortando espacios y materias, cambiando la currícula, lo que recorta aún más los horizontes de las y los estudiantes y afectan las condiciones laborales de docentes.
Dice que ampliará la educación de adultos, pero en los hechos la reduce, tanto en materias, años de formación como en cantidad de docentes.
Habla de equipamiento, insumos, tecnología e infraestructura, pero los problemas edilicios y las carencias son corrientes en las escuelas y no se ha avanzado en resolverlos en su primer año de gestión.
Nada bueno significa para una escuela un cierre o un achicamiento. No se hace una mejor escuela o una mejor educación con menos, sino con más.
Y esto sin hablar del salario docente, que apenas cubre poco más que la mitad de la canasta de pobreza, y de la sobrecarga laboral que la falta de salario y personal genera en los docentes.
La reforma del gobierno es un ataque a la educación pública y al derecho a aprender de las y los alumnos, una verborragia eufemística para describir un ataque brutal y un ajuste.
Un ataque que es una continuidad de la política que viene llevando el gobierno de Milei en todo el país, ejecutada por los gobernadores y sin respuesta por parte de CTERA y también con el aval de los sindicatos provinciales.
Es una reforma inconsulta a la comunidad educativa. Todo es achicar y ajustar. No hay mejora, no hay orientación pedagógica, no hay aprendizaje, no hay seguimiento. No hay nada de eso en la propuesta. Su reforma es más ajuste y crisis para la escuela y la educación.
Y esto va a ser enfrentado por la comunidad educativa, docentes, estudiantes, familias, verdaderos protagonistas de la defensa del derecho a la educación pública.
UEPC CAPITAL